Ir al contenido principal

Recuerdo del otro Stalin

25 de junio de 2011


Tierra de sangre 


RAMÓN HERNÁNDEZ

odavía se desconoce cuántas víctimas hubo. Los cálculos son obscenos, por las cantidades en juego. Los más ingenuos hablan de varios centenares de miles y tratan de no levantar la polvareda, los más angustiados muestran las cifras y les tiemblan las manos. Casi 20 millones. Los soviéticos, que manejaron con singular maestría el cinismo, eliminaron los términos "grupos sociales" y "grupos políticos" de la definición de genocidio que la Organización de Naciones Unidas discutía para proteger no sólo a los grupos étnicos del exterminio. "Social" y "político" fueron presentados como términos nebulosos, imposibles de delimitar, con lo que Stalin, el Koba, quedaba con las manos libres para perseguir a los "contrarrevolucionarios", a sus adversarios, y exterminarlos sin que se le pudiera calificar de genocida. Simple juego de palabras.

En los campos de concentración y en los gulags murieron más rusos que en el campo de batalla. Con el agravante de que muchos soldados que volvían sanos y salvos del frente eran conducidos a centros de reclusión en los que morían de hambre, extenuación y palizas de los carceleros. El socialismo soviético no trataba como humanos a quienes les colgaba el sambenito de opositor o de enemigo. La consigna cuando el padrecito Stalin la emprendió contra los kulaks de ucrania, que eran como denominaban a los propietarios de cualquier parcelita de tierra, era que harían jabón con ellos, una meta poco santa para quienes prometían la imposición del socialismo, el mañana radiante.

Cambiar los nombres es una de las tretas que más utilizan los leninistas y sus discípulos. Y fue el aspecto en que más insistió George Orwell en sus intentos de desenmascarar los totalitarismos, el "new speak" o el nuevo lenguaje, que es tanto como denominar ministerio de la verdad al despacho encargado de construir mentiras, y no me refiero a la Misión Vivienda. Cuidado, sin ofensas.

En otros regímenes se utilizaban eufemismos para eludir la realidad o hacerla menos agresiva. Por ejemplo, a los ranchos que construía el gobierno por algún prurito no se les llamaban casas sino "soluciones habitaciones", que es la denominación que ha quedado plantada en el ADN de algunos reporteros; a los presos y reclusos se les denominaba "internos", mucho menos ofensivo que condenado o presidiario. Lo que me extraña es que la revolución bonita, que alardea tanto de ser respetuosa del debido proceso y que volvió la lengua un guiñapo al incorporarle términos tan absurdos como fiscala y concejala, llame a los presos "privados de libertad", que a todas luces es un implante cubano. Los sucesos registrados en las prisiones venezolanas en los últimos doce años demuestran que no sólo están privados de libertad, sino de todos los derechos y las mínimas condiciones que requieren los seres humanos. Regalo colección de palabras gastadas. 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Pepe Mujica mató a un policía por la espalda

Contra Pepe Mujica Todos lo alaban por sus “frases profundas”, por su aspecto humilde, porque anda en un carro destartalado... bueno, no todos: uno de los mejores escritores argentinos nos cuenta acá por qué el ex presidente uruguayo no le simpatiza para nada. Marcelo Birmajer * Mi primer problema con Pepe Mujica es que no le entiendo nada cuando habla. Habla con la boca cerrada. Arrastra las palabras como si no quisiera soltarlas, como un jugador de ajedrez que se queda con la ficha en la mano porque teme dejarla en tal o cual casillero y eterniza el movimiento, enervando al contrincante. Me pasa con él como con las películas españolas en la televisión, que solo las entiendo con subtítulos. Pero a Mujica no lo subtitulan, lo aplauden, aunque estoy seguro de que quienes lo aplauden tampoco entienden lo que dice. Lo aplauden porque tiene pinta de pobre, porque tiene un perro con tres patas, porque no tiene la menor relevancia en el mundo; pero en ningún caso

Partidos políticos sordos, ciegos y usurpadores

Miguel Henrique Otero Con sólidos argumentos políticos y legales, a los que cabe sumar otros provenientes del más elemental sentido común, organizaciones no partidistas, académicas, especializadas y autónomas, expertos de indiscutible calificación, y también veteranos políticos y otros en ejercicio -muchos de los cuales han sido críticos con relación a ciertos aspectos relativos a la gestión del gobierno interino- expresaron en días recientes que la decisión de una mayoría de la Asamblea Nacional de sustituir la figura del presidente encargado, ejercida hasta ahora por Juan Guaidó Márquez, para reemplazarla por la de una especie de gobierno parlamentario es un error. Un grave error que, para peor, no tiene antecedentes en el desempeño republicano de Venezuela. Hay que considerar, como primera cuestión, tal como hace el impecable comunicado que el Bloque Constitucional de Venezuela publicó el 24 de diciembre, que la usurpación se mantiene. Que Venezuela no ha dejado de estar en una situ

Una izquierda de derecha

Lluis Bassets Así como hay una derecha suicida, también hay una izquierda ignorante. Nada sabe ni nada quiere aprender del pasado. Tampoco sabe que la guerra sucede a la política cuando la política deja de funcionar. Ni que la paz, tan deseada, no llega por un clamor convocatorio, sino porque quien vence en la guerra tiene poder y pericia para imponer un orden más justo, de forma que nadie utilice la fuerza de nuevo para resolver los contenciosos inevitables que se producen entre países y gobiernos. Ignora que la Unión Soviética fue el mayor imperio europeo, y quizás del mundo, entre 1945 y 1991.  Y que lo fue bajo la flagrante mentira de la patria socialista, defensora universal del proletariado.  O que las libertades europeas se mantuvieron y se mantienen en la mitad del continente, al igual que en 1945 se recuperaron de la invasión hitleriana, gracias a la alianza con Estados Unidos. Cree los embustes de Putin sobre la mayor catástrofe del siglo XX, que no fue la desaparición de la