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Retroceso en el avance o todo lo contrario


Comunismo 2.0

 Ramón Hernández


Los programas de computación que significan una mejora radical sobre el que se viene utilizando corrientemente se les distingue con un número entero, digamos Windows 8. Pero si sólo se trata de ajustes, mejoras, soluciones de problemas, se les agrega un punto y otro número: Windows 8.2. Si a esta mejora se le agrega otra, se le coloca otro punto y otro número: Windows 8.2.1.
En política, mucho menos en filosofía, no se aplica este sistema, sino que las reformas, los avances o retrocesos se categorizan con “ismos”, que muchas veces obedecen más a pedestres técnicas de comercialización o marketing que a verdaderos ajustes o transformaciones doctrinarias.
Si bien el marxismo ha sido tan desnaturalizado, falseado y distorsionado por sus intérpretes u obispos como cualquier otra religión, todavía es posible ir a las fuentes primigenias sin pagarles peaje a apóstoles o cancerberos. Cada quien es libre de responsabilizar o no al barbudo de Trevis de todas las infamias cometidas por el comunismo, desde los 30 millones de muertos en campos de concentración hasta las hambrunas programadas y los asesinatos selectivos, sin contar, por ahora, las luchas de liberación en el Tercer Mundo. Yo tampoco culparía a Jesús de las tropelías cometidas por la Inquisición, pero tampoco establezco similitudes entre ambos personajes, ni comparo a Lutero con Cristo.
En el siglo XX, el marxismo fue sustituido por el marxismo-leninismo, que fue un invento de Stalin, que luego utilizó Mao, pero que no se puede considerar como el marxismo 2.0, sino como su degeneración; algo parecido a lo que le pasó a Windows Millenieun, que casi fue un retroceso a Windows 2, que presentaba algunas ventajas en el manejo pero conducía a frecuentes errores fatales, a que se perdiera todo lo hecho hasta ese momento. El castrismo, que presentó como la versión tropical del estalinismo, fue aceptado con júbilo a pesar de que no pudo justificar ese cortocircuito sanguinario que al llegar fueron los fusilamientos ni la instalación de una dinastía familiar para retrasar la ida, más que inminente.

Se ha pretendido presentar el socialismo del siglo XXI como el socialismo 7.0, al cual se le han despojado de todas las fallas –represión, escasez, falta de libertad, autoritarismo, gulags, asesinatos, etc., etc.– y se le han incorporado avances inimaginables en las versiones anteriores: la propiedad y la posibilidad de crear riqueza, no sólo de repartirla. Sin embargo, y pese al costoso marketing, ha resultado un fiasco de envergadura, no tiene los agregados prometidos y han empeorado sus deficiencias implícitas: centralismo autoritario, militarismo y corrupción galopante. Vendo calculadora sin ribetes doctrinarios.
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