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Un arquitecto contra el remedo bolivariano

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Espejo cubano RAÚL FUENTES 31 DE AGOSTO 2014 - 00:01 Mario Conde es un personaje de ficción parido por la imaginación de Leonardo Padura Fuentes, a través del cual el autor de  El hombre que amaba a los perros  (2009) –obra de lectura obligatoria para todo aquel que quiera enterarse de cómo el totalitarismo se las apaña para pervertir la justicia y adulterar el pasado armado de ilusorias promesas de redención– nos ofrece una visión un tanto desmoralizante de esa Cuba que el trasnocho ideológico del socialismo vernáculo y su roja resaca materialista, dialéctica e histórica ponderan como edénico modelo para calcar. “Machista barriotero y visceral”, según propia confesión, Conde es un investigador que, con el rango de teniente, trabajó alguna vez (depende de la novela que estemos leyendo del ciclo  Las cuatro estaciones ) para la policía habanera, posición de privilegio que le permite moverse con soltura por sórdidos vericuetos de la sociedad cubana y sacar a fl...
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Viene con una flor en el ojal  y la sexta edición del Manual de estilo  

El Tejado Roto que se traspapeló en la web de El Nacional

Opinión Barrotes y detritus  RAMÓN HERNÁNDEZ   @ramonhernandezg D ariel Alarcón Ramírez, conocido como "Benigno" se incorporó a la guerra de guerrillas a los 17 años de edad. Camilo Cienfuegos lo enseñó a disparar y el Che Guevara las primeras letras. Fue su compañero en Bolivia, uno de los pocos que sobrevivió. Como premio, pero resultó un castigo, en 1981, le tocó ser jefe de una cárcel en las afueras de La Habana, en la que estaban recluidas más de 6.000 personas. En sus memorias ­que no han leído María Iris Varela, "revolucionaria y socialista" ni Miguel Rodríguez Torres, el responsable del manejo y las ejecutorias de los cuerpos de seguridad de la revolución bolivariana­, Alarcón Ramírez cuenta algunas de las barbaridades que cometían contra los presos, tanto políticos como comunes, porque todos estaban juntos; sin distinciones, como ocurría en la URSS. "Disuadían" las protestas con chorros de agua y golpeándolos con la manguera en el p...

Peret pescó en América y se llevó la red llena

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La fusión extractiva en la rumba de Peret Peret, padre de la rumba catalana / EFE VÍCTOR SUÁREZ/ ESPECIAL PARA EL NACIONAL 30 DE AGOSTO 2014 - 05:05 PM Peret extendió su reinado hasta América Latina y el Caribe no por haberle otorgado genuina condición catalana a la rumba sino por haber convertido valiosa muestra de la música popular americana en rumba catalana. Sin embargo, en esos amplios territorios, a diferencia de Europa, aún se le reconoce como el monarca de la rumba flamenca, no de la rumba catalana. Durante los años de su formación como artista, entre los ´50 y ´60, el catalán que ante su muerte el miércoles 27 en Barcelona está recibiendo los honores de toda España, nunca se familiarizó con las verdaderas fuentes de las que sorbería gran parte de su porvenir artístico, que manaban realengas en Cuba, Venezuela, México, Colombia y Perú. Su primera conexión directa con tierras americanas ocurrió al sur del continente, en Uruguay y Argentina, cuyas expresi...

Vendaval sin fin

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LLUEVE PERO NO ESCAMPA Alfonso Molina 9 junio, 2007     Figura controvertida y trascendente, Carlos Andrés Pérez ha marcado de forma indeleble la vida política venezolana. Esta es una afirmación que pueden suscribir tanto sus partidarios —que aún le quedan— como sus enemigos —que son abundantes— en el marco del proceso que se arrastra desde la lucha contra la dictadura de Juan Vicente Gómez, los albores de una idea precaria de democracia, la resistencia a Marcos Pérez Jiménez y el posterior auge del sistema democrático representativo hasta los estertores de un modelo de sociedad que se autodestruye para dar paso al modelo de gobierno que actualmente padecemos. Esto es lo que se desprende de  Carlos Andrés Pérez: memorias proscritas , el libro de Ramón Hernández y Roberto Giusti que recoge la voz en primera persona de un hombre que en un momento dado se alzó a la grandeza para luego deslizarse en la decadencia. El libro se mueve en dos espacios c...

Lejos de las baratijas editoriales

Memorias proscritas y Contra el olvido   ANTONIO SÁNCHEZ GARCÍA 25 DE ENERO 2014 Debí renunciar a subrayar sus declaraciones, agobiado por la abundancia de revelaciones, explicaciones y aciertos que enriquecen cada página de este libro que retrata en toda su grandeza a uno de nuestros más grandes polígrafos, diplomáticos, historiadores y políticos venezolanos. Un hombre propiamente renacentista por la amplitud de sus inquietudes y curiosidades, la vastedad de sus conocimientos y la experiencia principesca en el manejo de nuestra realidad política. 1 La urgencia de los hechos ha venido a acentuar una muy mala costumbre nacional: no leer o leer mal y muy poco. Y no me refiero a la lectura de esos libros perfectamente prescindibles que colman de baratijas editoriales las vitrinas de las pocas librerías que nos van quedando. Con escasas excepciones, obedientes al concepto de las grandes tiendas por departamentos, sometidas también, por razones del mercado, a la ofer...

Filósofo de pacotilla y la miseria del marxismo

Opinión  | 28/08/2014 | Tal Cual Indigencia Ser intelectual en Venezuela es someterse al aislamiento más absoluto. Basta con ver lo que se escribe y lo que se publica y lo que se piensa sobre lo que se publica. La crítica, el análisis de una obra es inexistente Eduardo Vásquez Ser intelectual en Venezuela es someterse al aislamiento más absoluto. Basta con ver lo que se escribe y lo que se publica y lo que se piensa sobre lo que se publica. La crítica, el análisis de una obra es inexistente. En el año 2011 se publicaron dos obras importantes: Adiós al socialismo y Tres fundamentaciones de la filosofía marxista en Venezuela . Sobre esos libros, que planteaban problemas muy actuales no hubo debate. La ausencia de crítica, de polémica, nos revela que la actividad del pensamiento es inexistente en el país. Una cosa es escribir para diarios y revistas y otra plantear temas que incitan y provocan el debate. Recordemos a Montaigne, de quien al leerlo dijo Montesquieu: ...