El paso superior de Oscar Guaramato
Análisis del artículo de Leonardo Rivas Lobo sobre Oscar Guaramato
Publicado en el Papel Literario, 1 de agosto de 2026
El ensayo de Leonardo Rivas Lobo persigue un objetivo explícito: devolver a Oscar Guaramato al centro de la narrativa venezolana del siglo XX. Desde las primeras líneas construye una figura que combina el autodidacta, el periodista y el cuentista excepcional, para luego sostener que la crítica ha prestado menos atención a su obra de la que merece. El argumento es convincente en cuanto al diagnóstico del olvido, pero resulta más reivindicativo que analítico. El texto parte de la necesidad del rescate y, desde esa premisa, organiza las evidencias.
Uno de los mayores aciertos del ensayo aparece, paradójicamente, cuando abandona la exaltación. Al citar a Javier Lasarte, Rivas Lobo reconoce que Guaramato "es recordado por cuentos, no por libros; leído en antologías, no en aulas". Esa observación define con mayor precisión la posición del escritor dentro del canon venezolano que las páginas dedicadas a enumerar premios o publicaciones. Guaramato no pertenece a la categoría de los grandes arquitectos de una obra extensa; pertenece a una tradición mucho más rara: la de los autores cuya permanencia descansa sobre un conjunto reducido de relatos capaces de sobrevivir al paso del tiempo.
Sin embargo, el ensayo deja apenas insinuada la pregunta esencial: ¿qué hace diferentes esos cuentos?
Rivas Lobo recurre a una serie de filiaciones —Jack London, Horacio Quiroga, Antonio Márquez Salas, Gustavo Díaz Solís, Alfredo Armas Alfonzo— que sitúan a Guaramato dentro de una genealogía respetable, pero esa estrategia termina desplazando el problema central. La singularidad de Guaramato no consiste en parecerse a esos autores, sino en la forma en que altera el punto de vista narrativo.
La pista decisiva aparece en la cita de Julio Miranda. Cuando este habla de la "asunción del punto de vista de un insecto, de un árbol", identifica un procedimiento que el ensayo no desarrolla suficientemente. En Guaramato la naturaleza deja de ser escenario. Los animales, las plantas, los insectos e incluso el paisaje adquieren una interioridad narrativa que modifica la relación tradicional entre el ser humano y el entorno. No se trata únicamente de antropomorfismo ni de lirismo. Se trata de un desplazamiento del sujeto de la narración. El mundo ya no se contempla exclusivamente desde el hombre; el hombre comienza a ser observado desde otras formas de existencia.
Ese desplazamiento explica también la sorprendente actualidad de algunos de sus relatos. Rivas Lobo menciona, casi de paso, que Guaramato escribió sobre "destierros climáticos". La expresión merece un desarrollo que el ensayo no ofrece. Si esa lectura resiste un examen sistemático de la obra, Guaramato podría ocupar un lugar inesperado dentro de la narrativa venezolana contemporánea: no solo como heredero del cuento rural o fantástico, sino como un escritor cuya sensibilidad anticipa preocupaciones hoy asociadas a la literatura ambiental y a la ecocrítica.
También llama la atención el tratamiento de su biografía. El ensayo informa que Guaramato fue autodidacta, obrero agrícola y textil antes de convertirse en periodista, pero no explora las consecuencias literarias de esa experiencia. Ese origen probablemente explique una diferencia sustancial con otros integrantes de Contrapunto: mientras muchos construyen su literatura desde una tradición intelectual, Guaramato parece hacerlo desde una experiencia física del territorio venezolano. En sus cuentos la naturaleza no es una abstracción estética; es una realidad conocida por el trabajo, el desplazamiento y la observación cotidiana.
Existe además una tensión interna en el ensayo. Por una parte sostiene que Guaramato ha sido insuficientemente estudiado; por otra, evita discutir las razones de ese relativo desplazamiento dentro del canon. ¿Se debió a una obra breve? ¿A la hegemonía de otras corrientes narrativas? ¿A la dificultad de clasificar una escritura situada entre el lirismo, el relato rural y la fábula? El artículo deja abiertas esas preguntas sin intentar responderlas.
Como ejercicio de recuperación patrimonial, el texto de Rivas Lobo cumple ampliamente su propósito. Como ensayo crítico, en cambio, abre más caminos de los que recorre. Su principal aporte quizá no sea demostrar que Guaramato merece regresar al canon, sino ofrecer suficientes indicios para volver a leerlo desde perspectivas que apenas comienzan a delinearse. Entre ellas destaca una que el propio ensayo enuncia sin desarrollarla: la posibilidad de entender a Oscar Guaramato como uno de los narradores venezolanos que con mayor radicalidad desplazó la mirada humana para convertir la naturaleza en sujeto de la ficción. Esa hipótesis, más que las analogías con otros escritores, parece contener la verdadera clave de su originalidad.

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