La OPSU busca más pobreza y menos notas



La pobreza se combate con educación. La OPSU decidió combatir las buenas notas con la pobreza.

Sacar buenas notas deja de ser la mejor manera de conseguir un cupo universitario. La OPSU ha construido un sistema de asignación que incorpora la condición socioeconómica del aspirante y, en la práctica, puede colocarla por encima del rendimiento académico. El Estado no ha explicado cuánto pesa cada criterio ni ha hecho pública la fórmula con la que decide quién entra, qué estudia y dónde.

La pobreza no convierte a un estudiante en mejor estudiante. Tampoco convierte en peor estudiante al hijo de una familia que pudo pagarle un colegio privado. Las condiciones de origen no son méritos ni deméritos académicos.

El Estado debe atender las desigualdades económicas, pero no utilizar esas desigualdades para decidir cuánto vale el rendimiento de cada estudiante. Una política contra la pobreza debería reducir las desventajas que impiden estudiar, no convertirlas en una regla para repartir los cupos.

El Estado puede otorgar becas, transporte, alimentación, residencia y materiales. Puede ampliar la oferta universitaria en las regiones. Puede financiar a quienes no tienen recursos para estudiar. Puede hacer todo eso sin quitarle valor a las notas de quienes han obtenido buenos resultados académicos.

Una cosa es compensar una desventaja y otra utilizarla para desplazar el mérito académico.

La universidad pública no está obligada a ofrecerle a cada aspirante la carrera que desea. Los cupos son limitados y las carreras tienen capacidades determinadas. Pero cuando el Estado incorpora criterios socioeconómicos en la selección, el rendimiento académico pierde peso como criterio para determinar quién obtiene una plaza y quién queda fuera.

El aspirante recibe el resultado, pero no conoce el peso de las variables que lo produjeron. No sabe cuánto valieron sus notas, cuánto su situación económica ni qué otros factores intervinieron en la decisión. La escuela transmite una regla sencilla: estudiar sirve. Las notas importan. El esfuerzo tiene consecuencias. Esa relación entre esfuerzo y oportunidad es una de las vías de movilidad social que ofrece una sociedad.

Un joven que sabe que un buen promedio ya no mejora sus posibilidades de entrar a la universidad recibe un incentivo perverso: el esfuerzo académico pierde valor. Un joven pobre no necesita que le regalen una carrera. Necesita que el Estado elimine las barreras económicas que podrían impedirle cursarla. Una beca, transporte, residencia o comedor universitario permiten que un estudiante compita en mejores condiciones.

La educación es uno de los pocos instrumentos capaces de romper la relación entre origen social y destino. Si el acceso a ella empieza a depender de la pobreza más que del rendimiento, el Estado no está corrigiendo esa desigualdad, la está incrementando.

La pobreza se combate con educación. No haciendo que la pobreza pese más que las buenas notas.

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